El día 8 de octubre, a las 12:30 horas presenté el libro (197)2 de José de María Romero en Aguilar de la Frontera. Realicé un discurso acerca de este poemario que comparto aquí:

Quiero comenzar agradeciendo a Cool-tura, Acción y Poesía y a José de María que hayan confiado en mí para esta presentación.
Del título de esta obra (Mil novecientos setenta y) Dos queda destacado desde el mismo título, situándose fuera del paréntesis, el Dos. Y es, precisamente, este número lo que vertebra el poemario pues encontramos un eje bipolar, prosa (textos impares) y poesía (pares).
Jorge Guillén escribió sobre Góngora, de quien se cumple 450 años del nacimiento, que «se apasiona por la hermosura del mundo o lo describe convertido en hermosura». Y José de María Romero, sobre él mismo, a 39 años, nos hace una declaración similar de intenciones: «Para mí la belleza es un hecho irrepetible. Y es esa cualidad única la que lo perpetúa en la memoria», añadiendo «en busca de consuelo». Esto nos lo confiesa en el texto I, al comienzo de su obra, para que la persona lectora sepa a qué atenerse: «A veces, la emoción de las palabras consiste en que nos remiten a otras épocas, a otros lugares».
Como he sugerido, hay un eje bipolar en el libro, pero UN eje, la palabra de José de María. Si en los textos en prosa, a modo de metaescritura (escritos que hablan de la escritura) que la belleza es irrepetible, él lo lleva a la práctica en los poemas versificados, como ocurre en el texto II, donde el tiempo, que también es irrepetible por su condición de inexorable, parece detenido (observen la ausencia de verbos, de acción).
Carmen Espada medio ciega
letras y santos apilados
bajo los asientos
Javier Jiménez
a gusto bajo su escritorio
Y movidos a la búsqueda del consuelo
Mi padre
con gesto de dolor
o asombro empujado de la lectura
La infancia, la adolescencia, en esencia, los recuerdos confirman lo irrepetible del tiempo, plasmado en un verso único, irrepetible, porque la belleza lo es.
Recuerdos como el de ver al Nazareno encerrarse, un amor ya pasado, el cine…, tintes nostálgicos que se entrecruzan con el hoy y en otros lugares que son, y al mismo tiempo no son, Aguilar.
Sentados en la terraza
del café Universal junto a la plaza
del Salvador en Sevilla
los niños
que cruzan corriendo por las Descalzas
hacia el cine Victoria en Aguilar
de la Frontera
Y
Como una vez
en la biblioteca municipal de Liverpool
leyendo a Lorca
Fue
como caminar por el campo
en Aguilar
Y para ello, José de María pone casi todo de su parte. En el texto III nos dice (o no) que no nos quedemos en meros lectores, que su deseo es vernos en el otro lado, donde figuran estos recuerdos por ejemplo; y en el V (quinto) define lo que es su escritura: «buscar la postura… hasta encontrar la calma», y, así, lo pone en práctica en su verso intenso:
Habrá que empezar a tomarse
la vida en serio
(…)
escribir no es siquiera
ilusión de compañía
Y con rupturas sintagmáticas que obligan a cambiar la «postura» del lector:
De culo con la intuición de que todo
Estaba ocurriendo entonces y al mismo
Tiempo en un futuro ya sin nosotros.
__
Quisimos curar las heridas
A base de distancia de dejarnos
Crecer unas enormes
Alas justo allí donde
Había labios…
Pero también escribir es una incierta impostura…
Medio en serio, medio en broma José de María no se lo calla en el texto VII:
«Escribiendo no he podido evitar sentirme una especia de embaucador… escribiendo palabras… que otro debería haber dicho». Tras esto el poema VI adquiere una fuerza inimaginable:
El sol de la una que se arrastra
sobre la página
Me recuerda a otros
libros otras tardes frente al balcón
mientras leo
La insoportable levedad del Ser
henchido de fervor
y fumo o simplemente
miro el sol arrastrarse sobre
las losas
hasta llegar a la página
Visto así, como un embaucador, comprendemos que José de María admita en el XII que no sabe «si estas palabras consiguen expresar lo que quiero decir». A lo que añade una revelación: «Lo que sé es que elegirlos, suprimirlos, jugar con ellas, ha sido lo más parecido a un consuelo».
De nuevo, el consuelo…
Sin embargo, José de María demuestra las palabras de José Saramago, aquello de que el ser humano es un animal inconsolable, no sin su pizca de ironía:
He pasado horas y horas frente a estos poemas… ahora todo lo de fuera me parece extraño (XIV)
Antes, una palabra llevaba aotra. Ahora cuesta más trabajo que esta hilazón tenga lugar. A lo mejor es porque soy mayor, o porque soy más egoísta. (XX)
Mayor que yo, pues nació en 1972 en Córdoba, y nada egoísta, o tanto como pueda serlo un licenciado en Filología Inglesa y un profesor en Sevilla; además del presente (Mil novecientos setenta y) Dos, es autor del poemario Resurrecciones, publicado este mismo año por la Asociación Cultura y Progreso, y de Talismán, aún inédito. Fue finalista del Premio Revista Eñe de Literatura Móvil y, de espíritu participativo, ha estado presente en Ciclovida, el Día Mundial de la Poesía, Fiesta de la Alfabetización, 100 poetas 100 minutos, Feria del Libro de Sevilla, un homenaje a Saramago y varias actividades más.
Ha tenido presencia en varios medios: Onda Cero, Diario de Sevilla, Aguilar Digital.
Y, como autor de prosa creativa, suyos son la novela corta Hilados coreografiados y los cuentos Otros, los más y otros.
Apropiándome de sus palabras finales del libro que se presenta hoy:
«No importa tanto lo que digo sino todo lo demás. Lo que habéis leído (en este caso, oído) tiene su gracia. Pero lo no he escrito, de lo cual no podéis tener ni idea, es aún mejor».
Así es, porque lo mejor, estimado público, procederá del propio José de María, el eje poético bifurcado en tiempo y poesía, en recuerdo y metaescritura, en belleza y consuelo.