viernes, 02 de julio de 2010

La anterior entrega de este artículo se encuentra aquí (Ruego disculpas por la lejanía en el tiempo entre una y otra).

 

5.- EN LA NOVELA DEL SIGLO XX.

Nada relevante hallamos en los siglos XVIII y XIX acerca de la figura que nos ocupa, retomando nuestro estudio en pleno siglo XX. En éste, hallamos algunas novelas donde aparecen personajes con su nombre, pero sin relación clara con el bíblico; así, hemos de detenernos en una de las obras fundamentales de la literatura mundial, donde la relación es evidente: Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, publicada en 1967.

En esta novela, Melquisedec aparece con una variante de su nombre, Melquíades. Es un personaje complejo, pues posee rasgos humanos y divinos a un mismo tiempo, como una prefiguración de Cristo, como el Melquisedec bíblico:

 

Durante la existencia centenaria de Macondo el gitano [Melquíades] muere y resucita varias veces, se hace viejo y se vuelve joven. El cuarto que tiene reservado en la casa de los Buendía es un lugar milagroso donde el tiempo se ha detenido […]. Melquíades no está sujeto a las leyes naturales y humanas comunes. Su existencia novelesca, […] se desarrolla en dos ciclos. En el primer ciclo (1—9) el gitano trae a Macondo el imán, la lupa, el astrolabio y el laboratorio alquímico […]. Inicia a los varones de la familia en el manejo del laboratorio daguerrotípico y les enseña muchas cosas. Se marcha de Macondo para regresar en el momento de la primera peste del insomnio y salvar a sus habitantes «de olvido de la muerte» […]. Luego pasa sus días en el cuartito redactando los pergaminos. Al terminarlos declara haber alcanzado la inmortalidad […] y poco después muere como el primer habitante de Macondo. En el segundo ciclo Melquíades reaparece rejuvenecido […] desempeña el papel del autor de los pergaminos y del poseedor de su secreto. Se niega a traducirlos a Aureliano Segundo porque «nadie debe conocer su sentido mientras no hayan cumplido cien años» […]. Luego que Aureliano Segundo descubre que los pergaminos están redactados en el sánscrito, Melquíades se va «a las praderas de la muerte definitiva» […]. Después de su salida definitiva, su cuarto, lugar milagroso, perdiendo su inmunidad contra el tiempo «se hace vulnerable al polvo, al calor, al comején, a las hormigas coloradas ...» […][1].

 

Caracterizado el personaje, «su vida eterna, su omnisciente sabiduría, su perenne presencia, sus poderes sobrenaturales indican su carácter divino»[2], relacionándolo con el que estudiamos. Ni que decir tiene que en Melquíades vemos otros personajes bíblicos; por ejemplo, Lázaro y el evangelista San Juan; el primero, como resucitado, y el segundo, como autor del Apocalipsis; ya que Melquíades resucita y anuncia el Apocalipsis de Macondo.

Otra novela que destacamos es El alquimista de Paulo Coelho, donde nuestro Melquisedec, el bíblico, le los primeros consejos o primeras lecciones sabias al joven pastor Santiago y le empuja a realizar su aventura personal. Coelho crea un personaje sabio, un rey humilde (que oculta bajo sus pobres ropajes los vestidos más lujosos), con el deseo de ser recordado. En el siguiente pasaje, además de lo referido, queda manifiesto que es el mismo Melquisedec bíblico:

 

Melquisedec contempló el pequeño barco que estaba zarpando del puerto. Nunca volvería a ver al muchacho, del mismo modo que jamás volvió a ver a Abraham, después de haberle cobrado el diezmo. No obstante, ésta era su obra. […]

«Lástima que se olvidará en seguida de mi nombre –pensó-. Debería habérselo repetido más veces. […] Sé que es vanidad de vanidades, como Tú dijiste, Señor. Pero un viejo rey a veces tiene que estar orgulloso de sí mismo»[3].

 

6.- UNOS POEMAS ENTRE LOS SIGLOS XX Y XXI.

Como hemos visto, los motivos religiosos siempre han sido escogidos por los autores para la creación literaria y Melquisedec no ha sido una excepción. Acabamos esta trayectoria, este recorrido literario con un par de poemas contemporáneos. El primero pertenece al argentino Manuel Lozano y se basa en el Salmo 109, profundizando en los pormenores del rocío que engendra antes de la aurora. Así comienza:

 

Horas en que la lluvia sana
la herida inextinguible.
Ellos te engendran,
libándome como rocío diverso
entre sombras que vuelven al jardín,
que sueñan jardín antes de irse[4].

 

El otro poema es el ganador del XIII Premio de Poesía Manuel Alcántara (2005), el escritor Tomás Hernández, de Alcalá la Real (Jaén), que lo compuso tras el funeral de un amigo, rememorando el encuentro entre Melquisedec y Abraham[5]. La lectura de este poema nos recordará al que Coelho nos presentó, el rey viejo que vuelve a su labor, aceptando que su nombre caerá en el olvido nuevamente. He aquí un fragmento:

 

Así fue como supe que ofreció pan y vino
a Abraham, que volvía de campos victoriosos,
que era suave la tarde y las mieses olían
y, aunque reyes los dos,
la comida partieron como hermanos.

Luego nada se sabe, volvería al oficio
de rey o de hombre viejo. […][6].

 

7.- CONCLUSIONES.

Tras este recorrido en la literatura desde la Edad Media, llegamos a las siguientes conclusiones:

a) Melquisedec no es un personaje propio de obras de carácter popular, sino que posee una tradición no muy definida dentro de la literatura culta.

b) Poco a poco fue ganando terreno, pasando de ser citado (Farsas del siglo XVI, comedias de Tirso o el soneto de Lope) o interpretado por otros personajes (el judío del Decamerón, el rey de Tirante el Blanco o  el gitano de Cien años de Soledad), a aparecer con voz propia y ser el mismo personaje bíblico (El orden de Melquisedec de Calderón) que nos confiesa sus temores (Paulo Coelho o el poema de Tomás Hernández).

c) La evolución del personaje nos lleva ante un resultado muy curioso: en el siglo XX, el personaje ha sido despojado de su condición de sacerdote y sólo aparece como rey. Sin embargo, su aparición en dicho siglo sigue estando ligada a la Biblia: Melquíades comparte carácter divino y humano en Cien años de Soledad; el rey de Coelho conoció a Abraham y de él recibió los diezmos; el poema de Manuel Lozano se inspira en el Salmo 109; y Tomás Hernández afirmó escribir su texto tras escuchar la palabra sagrada en un funeral. Por lo que la palabra bíblica, de Dios, está en cada uno de las obras que hemos atendido en nuestro estudio.

d) Su imagen y su nombre, como prefiguración de Cristo, siempre se asoció a la Eucaristía antes del siglo XX; en cambio, en el siglo XX, este aspecto desaparece y evoluciona hasta convertirse en símbolo del temor y aceptación del olvido, como lo presentan Paulo Coelho y, especialmente, Tomás Hernández:

 

Pensé en Melquisedec, la dignidad

de aceptar el olvido[7].

 

8. BIBLIOGRAFÍA CITADA.

-Alemany, R., «Al voltant dels episodis africans del "Tirant lo Blanc" i del "Curial e Güelfa"», Alacant, Biblioteca Virtual Joan Lluís Vives, 2003.

-Alonso Asenjo, J., «Introducción al teatro de colegio de los jesuitas hispanos (siglo XVI)» en http://www.corpusdelespanol.org/textos.asp?s=16.

-Arellano, I., y Duarte, J. E., El auto sacramental, Madrid, Laberinto, 2003.

-Calderón de la Barca, P., El orden de Melquisedec, Biblioteca Virtual Cervantes: http://www.cervantesvirtual.com

-Canalejas, F. de P., Los autos sacramentales de don Pedro Calderón de la Barca, Antonio Cruz Casado (ed., introd.. y notas), Lucena, Ayuntamiento de Lucena, 2002.

-Castillejo, D., Guía de ochocientas comedias del Siglo de Oro, Madrid, Ars Millenii, 2002.

-Coelho, P., El alquimista, edición en PDF de la página web oficial del autor.

-De los Reyes Peña, M., «El drama sacramental en el “Códice de Autos Viejos”» en Cuadernos de Historia Moderna, 23, 1999, monográfico V, pp. 17-46.

-Enciclopedia Universal Ilustrada, Barcelona, Hijos de J. Espasa, Tomo XXXIV.

-Góngora, L. de, Sonetos completos, edición, introducción y notas de Biruté Ciplijauskaité, Madrid, Castalia, 2001.

- La Biblia, Barcelona, Círculo de Lectores, 1980.

-Lozano, Manuel, en sitio: http://www.cajondeletras.com

-Lukavská, E., «Gabriel García Márquez: “El ciclo de Macondo” II, Études Romanes de Brno XX, Studia Minora Facultatis Philosophicae Universitatis Brunensis, L 11, 1990, pp.49-62.

-Mena, L. I., La función de la historia en Cien años de soledad,  Barcelona, Plaza & Janes, S.A., 1979.

-Menéndez Peláez, J., «El teatro hagiográfico en el Siglo de Oro español: Aproximación a una encuesta bibliográfica» en Memoria Ecclesiae, XXIV, 2004, pp. 721-802.

-Szteinberg, S., «Novellino y Decamerón: intertextualidad y líneas narrativas» en Gramma, noviembre de 2002, pp. 58-65.

-«Tomás Hernández Molina recibirá mañana el XIII Premio de Poesía Manuel Alcántara» en http://www.inforincon.com, 20 de junio de 2005.



[1] Lukavská, E. (1990): «Gabriel García Márquez: “El ciclo de Macondo” II, Études Romanes de Brno XX, Studia Minora Facultatis Philosophicae Universitatis Brunensis, L 11, p. 60.

[2] Mena, L. I. (1979): La función de la historia en Cien años de soledad,  Barcelona, Plaza & Janes, S.A., p. 152.

[3] Coelho, P. (s/f): El alquimista, edición en PDF de la página web oficial del autor, p. 32.

[4] Poema tomado del sitio: http://www.cajondeletras.com

[5] «Tomás Hernández Molina recibirá mañana el XIII Premio de Poesía Manuel Alcántara» en http://www.inforincon.com, 20 de junio de 2005.

[6] Ibíd.

[7] Ibíd.


Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios