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(c) Manuel Guerrero Cabrera
Artículo publicado en la revista Campanitas, 21 (2008) y 22 (2009), Lucena.
3.- CITAS Y MANIFESTACIONES TEATRALES.
Debido a que procede de la Biblia, resulta un personaje idóneo para el teatro religioso; así, va a comenzar a citarse en los autos sacramentales hasta llegar a ser personaje en ellos. Un precedente es la Farsa sacramental de 1521, en la que la Fe explica a unos pastores que el sacramento de la eucaristía «estaba anunciado ya en el Antiguo Testamento por medio de figuras como el sacerdote Melquisedech»[1].
Posteriormente, en el Códice de Autos Viejos[2] se recogió el Aucto de Abrahan quando vençio los quatro reyes, que, según Mercedes De los Reyes Peña no hace alusión explícita a la eucaristía, aunque consigue que el público la relacione con la ofrenda que hace Melquisedec, ya como personaje con voz propia[3]:
Bive Dios onipotente,
por quien al justo Abrahan
ofrezco yo este presente
de pregioso vino y pan,
con que rrefresque su gente![4]
Sólo hemos encontrado una obra en el siglo XVI, cuyo título enuncie al propio Melquisedec[5]: Égloga al Sanctíssimo Sacramento sobre la figura de Melquisedec[6]. Esta obra se empezaría a representar desde mediados de siglo en colegios jesuitas de España, destacando que se conserva mayor información de las provincias de Castilla, Andalucía (destacando Córdoba) y Aragón (destacando Lérida y Mallorca)[7].
En el siglo XVII, con el desarrollo del teatro español, debido a la nueva fórmula de Lope de Vega y a la ingente cantidad de obras que se escribieron, hallamos a Melquisedec citado en distintas ocasiones. Algunas de ellas son los autos El divino Jasón y La semilla y la cizaña de Calderón[8], y las comedias de Tirso de Molina Las quinas de Portugal[9] y La mujer que manda en casa[10]. Salvo la primera (El divino Jasón), el resto cita a nuestro personaje relacionándolo con la eucaristía, como es frecuente.
Será en este momento, cuando Calderón escriba la obra que enuncia directamente al sacerdote y lo haga personaje alegórico en El orden de Melquisedec. Lo siguiente lo dice él mismo, el Melquisedec bíblico y calderoniano a un mismo tiempo:
Pan y vino os consagro,
Gran Dios de Israel,
porque pienso que en ellos
está nuestro bien[11].
Los verdaderos protagonistas del auto son el Judaísmo, la Fe y Emanuel (Cristo), que muestran qué es, cómo se instituye y en qué consiste la Eucaristía[12]. En toda la obra hay referencias que unen a Cristo y Melquisedec, con motivo de la ofrenda del pan y el vino, que ya conocemos; de ahí que aparezca el propio sacerdote ofrendando y mostrando el pan y el vino que instituye el Sacrificio eucarístico.
No hemos encontrado nada relevante sobre Melquisedec en el teatro posterior al siglo XVII.
4.- MELQUISEDEC EN LA CONTIENDA ENTRE LOPE Y GÓNGORA.
En la épica y lírica del Siglo de Oro, no hay ningún texto dedicado enteramente a nuestro sacerdote; por lo que sus apariciones se manifiestan mediante citas, como ocurre en el Isidro y en la Jerusalén conquistada de Lope.
Mayor interés posee un par de sonetos, escritos por Lope y Góngora. El primero lo escribe en Rimas humanas como alabanza a Dios y titulado «Alfa et Omega Jeová». Atribuido a Góngora es la respuesta a este soneto, realizándolo en tono paródico con el pie forzado de la rima; porque, si para Lope el poema es virtuosismo, para Góngora es burla. Nos resultaría difícil, casi imposible, hallar palabras que consigan la rima perfecta o consonante con Melquisedec, por lo que Lope toma otros nombres bíblicos, logrando un poema religioso: Hilech, Lamech y Abimelech. En cambio, Góngora coloca estos mismos nombres cambiando el resto del verso, a fin de darle una intención satírica: «señalar que los escritos prolíficos de Lope llegan a cansar incluso al que tiene la paciencia de Job»[13]. Por lo tanto, Melquisedec es citado simplemente y, además, en este poema resulta un elemento paradigmático de dominio poético.
[1] Arellano, I., y Duarte, J. E., El auto sacramental, Madrid, Laberinto, 2003, p. 89.
[2] Ibíd., p. 97: «El Códice de autos viejos es un volumen manuscrito que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid desde 1844. Contiene 96 piezas dramáticas, todas de asunto religioso, a excepción del Entremés de las esteras […]. Leo Rouanet y otros estudiosos han situado el manuscrito entre los años 1550 y 1578».
[3] De los Reyes Peña, M., «El drama sacramental en el “Códice de Autos Viejos”» en Cuadernos de Historia Moderna, 23, 1999, monográfico V, pp. 27 y 28.
[4] Ibíd., p. 28.
[5] En Menéndez Peláez, J., «El teatro hagiográfico en el Siglo de Oro español: Aproximación a una encuesta bibliográfica» en Memoria Ecclesiae, XXIV, 2004, pp. 721-802;el autor clasifica los autos según la «advocación» que la protagonice. Sobre la que nos interesa sólo figura la que vamos a enunciar en nuestro artículo.
[6] Publicado en ARIAS, R., Tres églogas sacramentales inéditas. Kassel, Ed. Reichenberger, 1987.
[7] Alonso Asenjo, J., «Introducción al teatro de colegio de los jesuitas hispanos (siglo XVI)» en http://www.corpusdelespanol.org/textos.asp?s=16.
[8] En Canalejas, F. de P., Los autos sacramentales de don Pedro Calderón de la Barca, edición, introducción y notas de don Antonio Cruz Casado, Lucena, Ayuntamiento de Lucena, 2002, p. 172; el editor apunta que la aparición del nombre de Melquisedec aparece con motivo de un soneto que «es una muestra de virtuosismo por parte del poeta, porque utiliza finales de verso de rima oxítona y términos infrecuentes, nombres propios, procedentes de las sagradas escrituras que ofrecen una dificultosa interpretación».
[9] Castillejo, D., Guía de ochocientas comedias del Siglo de Oro, Madrid, Ars Millenii, 2002, p. 461: «Tirso hace un espléndido uso del escenario al enlazar temas religiosos y guerreros».
[10] Ibíd., p. 422. Esta obra es de temática bíblica.
[11] Calderón de la Barca, P., El orden de Melquisedec, Biblioteca Virtual Cervantes: http://www.cervantesvirtual.com
[12] Recordemos que la Eucaristía es el tema fundamental de todos los autos sacramentales, salvo escasas excepciones, como, por ejemplo, La hidalga del Valle de Calderón, que es un auto únicamente mariano.
[13] Góngora, L. de, Sonetos completos, edición, introducción y notas de Biruté Ciplijauskaité, Madrid, Castalia, 2001, p. 263. Por nuestra cuenta, añadimos que este soneto de Lope era el número 200 de sus Rimas humanas, de ahí el comentario de «escritos prolíficos» de Ciplijauskaité.
(Continúa)
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