Continuación del artículo.
(c) Manuel Guerrero Cabrera
3.- Una escena análoga en Luces de Bohemia
Ramón protagoniza con Bergamín la fase posterior del tercer acto, cuya acción sucede en el interior de una barraca de feria: «tres fases de la cogida de JOSÉ, un busto; y el cadáver del mismo en cera en un ataúd de vidrio. Por las paredes varias fotografías eternizan momentos emocionantes de torero y toro» [1]. En esta fase, ambos evocan al torero al contemplar la figura de cera y, tras insinuar Pinturas que José realmente se ha quitado la vida, Bergamín no lo cree y reflexiona acerca de que su muerte fue casual, evocando el momento de la cogida. Por su parte, Ramón le indica a Bergamín:
RAMÓN: Puede, Bergamín, que tarde
en creer eso la gente.
BERGAMÍN: […]
«José, señores, ha muerto
porque tuvo que morir» [2].
Esta escena comparte algunos aspectos con la decimocuarta de Luces de Bohemia de Valle-Inclán:
1) Valle-Inclán utiliza a Rubén Darío, porque encarna a los modernistas (y su hipocresía); del mismo modo que Miguel Hernández emplea a Ramón, porque representa la cultura madrileña.
2) Rubén y el marqués de Bradomín como la pareja que evoca a Max en Luces de bohemia, frente a la pareja formada por Ramón y Bergamín en El torero más valiente. Además, si el marqués de Bradomín era un trasunto de Valle, Bergamín aparece por el deseo de Hernández de publicar (y representar) su obra.
3) Tanto la evocación de Max, como la de José, son breves. En ambas se habla sobre la muerte, pero hay que salvar las distancias: en Luces de bohemia, la muerte aparece desde el inicio y en esta conversación la muerte se personifica como «Ella»; en cambio, en la obra del oriolano, la muerte no está tan presente y representa otro papel, sin llegar a adquirir la relevancia de la obra de Valle.
4) El suicidio, que se nombra al comienzo del esperpento («Podemos suicidarnos colectivamente»[3], dice Max); pero en El torero más valiente sólo se refleja en la fase citada anteriormente, cuando Pinturas lo sugiere ante Ramón y Bergamín.
En efecto, tenemos dos escenas afines en estructura, pero preparadas de modo distinto. Por último, hay que añadir la similitud que F. Díez de Revenga y M. de Paco han visto entre esta escena y otra obra del gallego; ya que, según ellos, Ramón y Bergamín «traen el recuerdo, siquiera sea lejano, de don Estrafalario y don Manolito en el Prólogo y el Epílogo de Los cuernos de don Friolera» [4].
Conclusiones
1) El torero más valiente se escribe con la intención de alejarse de Orihuela. Para ello utiliza un tema de actualidad, ya que con él pretende «penetrar definitivamente en los ambientes madrileños»[5], sin éxito.
2) La aparición de Ramón y de Bergamín obedece a dos razones: a) ambos le dieron ideas con El torero Caracho y La estatua de Don Tancredo, respectivamente; y b) los dos eran personalidades importantes en el mundo cultural madrileño, de tal modo que Miguel veía en ellos la posibilidad de hacerse un hueco en ese mundo.
3) La influencia de El torero Caracho de Ramón es evidente, como ya hemos expuesto; a lo que se une, el acierto de presentar al creador de las greguerías en una barraca de feria «y más en concreto al vincularlo con la cera y los maniquíes, tan centrales en la cosmovisión de Gómez de la Serna, quien convivía en su torreón de la calle Velázquez con una muñeca de cera» [6].
4) Hallamos similitudes entre las escenas decimocuarta de Luces de bohemia y la fase posterior del tercer acto de la obra de Hernández en varios aspectos de la forma y de la temática; sin embargo, ambas están muy distantes una de otra, porque en la intención y en el resultado finales son diferentes.
Bibliografía
DÍEZ DE REVENGA, F. J., y M. DE PACO (1987): «Miguel Hernández y El Torero más valiente: vocación poética de una “tragedia española”», Campus, 13. También en sitio: <http://www.um.es/campusdigital/TalComoEra/Miguel%20Hdez.htm>
FERRIS, J. L. (2002): Miguel Hernández. Pasiones, cárcel y muerte de un poeta, Temas de hoy.
GÓMEZ DE LA SERNA, R. (1969): El torero Caracho, Austral.
GUERRERO CABRERA, M. (2002-3): «El teatro de Miguel Hernández (y su relación con el teatro del Siglo de Oro y Lope de Vega)», Angélica. Revista de Literatura, 11, pp. 245-265.
HERNÁNDEZ, M. (1986): El torero más valiente. La tragedia de Calisto. Otras prosas, Alianza.
HERNÁNDEZ, M. (1993): Obra completa (II), A. Sánchez Vidal y J. C. Rovira (ed.) con la colaboración de C. Alemany, Espasa Calpe.
VALLE-INCLÁN, R. del (2001): Luces de bohemia, Austral.[1] Ibid., p. 1.539.
[2] Ibid., p. 1.544.
[3] R. del VALLE-INCLÁN (2001): Luces de bohemia, Austral, p. 40.
[4] F. J. DÍEZ DE REVENGA y M. DE PACO (1987): «Miguel Hernández y El Torero más valiente: vocación poética de una “tragedia española”», Campus, 13. También en: <http://www.um.es/ campusdigital/TalComoEra/Miguel%20Hdez.htm>
[5] J. L. FERRIS (2002), p. 178.
[6] A. SÁNCHEZ VIDAL (2005): «Imágenes para un poeta», Presente y futuro de Miguel Hernández. Actas II Congreso Internacional, Fundación Cultural Miguel Hernández, p. 115.
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