martes, 02 de diciembre de 2008
Continuación del artículo.

(c) Manuel Guerrero Cabrera.

2.- Ramón y su Torero Caracho en el Más Valiente de Miguel

Nuestro poeta sabía que tenía que impresionar a sus compañeros de Madrid si quería obtener el reconocimiento de ellos. Así, es la experiencia en la capital la que coloca algunas escenas de su pieza en el café Pombo y, por supuesto, con Ramón Gómez de la Serna. Aunque no se tienen datos ciertos de que se encontraran frente a frente, sí es cierto que sentían simpatía el uno por el otro y que Ramón sabía de la producción literaria del oriolano[1]. Ambos coincidieron en escribir sobre toreros, novela en el caso de Ramón (1926) y teatro en el de Miguel (1934), pero la de éste se ve muy influida por la del madrileño. Así lo pone de relieve Agustín Sánchez Vidal en la ya mencionada edición que reconstruye el texto de El torero más valiente[2]; por ello, seguimos a este estudioso hernandiano[3].

En lo que respecta al argumento, ambos coinciden en marcar la rivalidad y muerte de dos toreros: Caracho y Cairel en Ramón, José y Flores en Miguel.

En cuanto a la utilización de imágenes tomadas de la novela y sugeridas en el drama, podemos hallar la visión de la plaza de toros como materia cósmica: «La fuerza de la atracción de la plaza, como la de una gravedad que no se ha llegado a estudiar bien» (TC, 29); «Un grito/unánime hinchió la anchura/de aquel terreno aerolito» (TMV, 1464). Otra imagen es la de que los útiles de los picadores y banderilleros sean cirios: «El picador […] miró la punta de su lanza para ver si se había apagado el pabilo del largo cirial» (TC, 52); «Y con largas cañas/de cirios morenos/como banderillas /sagradas de fuego/quemaban sus manos/los banderilleros» (TMV, 1485). Sánchez Vidal añade otras como la piel del toro figurando un tambor que redobla («tamboril luciente», TMV, 1427), «el trágico simbolismo de los caballos […], el juego entre la virilidad sobrante del torero y los palcos de mujeres»[4] (Estas imágenes, en TMV, pp. 1.424 y 1.433, respectivamente) y algunas más que no exponemos aquí por falta de espacio.

También encontramos imágenes o expresiones de las que Miguel se apropia y reproduce tal como aparece en la novela ramoniana. Si anteriormente señalamos que los útiles del toreo eran cirios, recordaremos ahora que también son cirios las astas del toro: «Los cuernos alumbraban la semioscuridad, como si fuesen encendidos hachones de cera lucida» (TC, 34); «Se le marchitaban/al toro los cuernos/[…] como si estuviesen/formados de sebo» (TMV, 1485). La reproducción de la siguiente expresión del toreo de los protagonistas indica el alto grado de lectura al que había sometido la novela de Ramón: «Su toreo era un toreo del Greco» (TC, 116); «José […]/es la articulación de la pintura/de Doménico Greco» (TMV, 1507). Y, entre muchas otras que se podrían citar, destacamos la siguiente acerca de lo que se recogía en la arena con motivo de la ovación del público:

«Puros, sombreros, un bisoñé y, en pleno entusiasmo, un sombrero de señora. […] Toda la sombrerería del público comenzó también a caer en el estanque de arena; una dama le tiró su mantón de Manila y otra le arrojó con tal arrebato los claveles de su pecho, que pareció que le había echado un seno para que quedase palpitante, como medusa de mar en medio del oceánico ruedo». (TC, 55-59)

En esta enumeración destaca la metáfora del seno palpitante, que también aparece en Hernández. Pero en el teatro de éste está intensificada, de tal modo que resulta una metáfora pura. Ahora ya sabemos que está tomada de Ramón: «Duros, niños de pañales,/algún seno artificial,/[…] todo lo echaba la gente/a la redonda alcancía/del ruedo[…]» (TMV, 1427). Lo que vuelve a demostrar la influencia del autor madrileño en la del oriolano.


[1] J. L. FERRIS (2002): Miguel Hernández. Pasiones, cárcel y muerte de un poeta, Temas de hoy, p. 186. Véase este libro para mayor información sobre la relación de Miguel con Ramón y otros autores.

[2] M. HERNÁNDEZ (1986), pp. 24-29. En nuestro artículo sólo marcaremos la influencia de El torero Caracho únicamente, obviando el influjo de otras obras (y aspectos) de Ramón, tales como las greguerías.

[3] Para este aspecto, utilizaremos TMV para El torero más valiente, seguido del número de la página de la edición de las Obras Completas de 1993; y TC para El torero Caracho, seguido de la página de la edición siguiente: R. GÓMEZ DE LA SERNA (1969): El torero Caracho, Austral.

[4] M. HERNÁNDEZ (1986), p. 29.


El artículo continúa aquí.


Tags: Miguel Hernández, teatro, El torero más valiente, Ramón, Gómez de la Serna, Valle-Inclán, torero

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