Al genial Francisco de Quevedo [...] le propuso un enterado que improvisara una cuarteta, en la que interviniera, rimando, la palabra lápiz, que es una de las que en el idioma castellano carecen de rima en consonante. Y el monstruo imprevisible, dejó escrita esta ingeniosísima perla:
Al escribir con mi lápiz
he cometido un desliz.
Resulta que he escrito tápiz,
en vez de escribir tapiz.
De Juan Antonio Garmendia, Florilegio de chorradas, Sevilla, Signatura ediciones, 2000 p. 1 de diciembre.
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