Fragmento extraído del artículo de Manuel Guerrero Cabrera, «Poe y Chesterton en "La muerte y la brújula" de Borges», artículo publicado en la revista del Instituto Ouróboros de Córdoba, Isagogé, 3, pp. 54-56.
(c) Manuel Guerrero Cabrera.
«Borges ha dicho de "La muerte y la brújula", que es un cuento policial. Lo es porque responde a la preceptiva del género, pero también excede sus límites»[1]. Por ello, parte de Poe para reflejar el contraste y llegar a la parodia[2].
Borges[3] señaló que Edgar Allan Poe en Los crímenes de la rue Morgue es quien fija las leyes fundamentales de este tipo de relatos: el crimen enigmático y a primera vista sin solución, y el investigador sedentario que lo descifra con el uso de la racionalidad. A esto podemos unir lo aportado por Juan José Millás en un preciso prólogo titulado «Introducción a la novela policíaca» para una edición escolar de los relatos de Poe. Cuando señala las características generales, apunta que «Poe plantea tres temas que se van a repetir hasta la obsesión a lo largo de toda la historia de la novela policíaca»[4]: 1) El recinto cerrado. 2) La novela-problema. 3) El detective analítico.
Precisamente, estos tres aspectos aparecen en el relato borgesiano, por lo que, en un principio, parece que el cuento responde a las características del género. En referencia a la novela-problema, que ofrece al lector las mismas claves que al detective, teniendo la misma información tanto uno como otro, como se ha dicho, Borges nos las ofrece al principio para llegar al final y, a lo largo del relato, continuará proporcionándolas; por lo que el lector sabe de antemano detalles que se articulan coherentemente al final del relato. En cuanto al recinto cerrado, cuyo esquema trata de situar la escena del crimen en una habitación cerrada, se relaciona con la muerte de Yarmolinsky, la primera de la serie. Treviranus esclarece el asesinato con suma facilidad, contradiciendo la regla de que el crimen parece que no tiene solución a primera vista (y lo volverá a hacer con el tercer crimen), pero Lönnrot no lo considera resuelto, debido a su proceso de razonamiento que «le impide ver lo obvio»[5]; ya que Lönnrot no hace sino actuar como un detective analítico, como Dupin: pensamiento y observación. Dupin no es sino la influencia de Poe, del que Borges dijo que «fue inventor del cuento policial»[6]; de ahí que Lönnrot se encuadre dentro de la serie de detectives que resuelven los misterios mediante una operación puramente intelectual, aunque a él todo le será servido en bandeja por su asesino para dirigirlo al punto donde lo mata. La serie se inició con el personaje de Edgar Allan Poe y continuó con Sherlock Holmes de Conan Doyle y, posteriormente, con el Padre Brown de Chesterton[7]. El perspicaz Dupin es el modelo de los detectives analíticos, cuyos preceptos pueden considerarse el comienzo del relato de Poe Los crímenes de la Rue Morgue:
«Las condiciones mentales que pueden considerarse como analíticas son, en sí mismas, de difícil análisis. Las consideramos tan sólo por sus efectos. De ellas conocemos, entre otras cosas, que son siempre, para el que las posee, cuando se poseen en grado extraordinario, una fuente de vivísimos goces. Del mismo modo que el hombre fuerte disfruta con su habilidad física, deleitándose en ciertos ejercicios que ponen en acción sus músculos, el analista goza con esa actividad intelectual que se ejerce en el hecho de desentrañar. Consigue satisfacción hasta de las más triviales ocupaciones que ponen en juego su talento»[8].
De estas palabras derivarán las características de los detectives posteriores a Dupin, cuya personalidad es similar (por no decir igual) a la de Lönnrot: No suele hablar mucho y parece que no comparte con el hombre las emociones tristes y alegres de la vida. Siente predilección por la ciencia y por la deducción, que manifiesta tanto en la teoría como en la práctica[9].
Pero la influencia de Poe va más allá del arquetipo de detective. Clemens A. Franken K.[10] ha señalado de qué modo se ha apoyado el autor argentino de las aportaciones literarias del estadounidense, refiriéndose, entre otros aspectos, a la metáfora del laberinto como una manifestación de su personalidad e inquietudes, en resumen, de su mundo interior. Pero le atrae esta imagen porque «al igual que E. A. Poe, Borges trata de combinar la intuición y la imaginación con la matemática y la geometría»[11]. Un laberinto muy especial del argentino es su utilización de la intertextualidad, que coincide, ante todo, con Poe: la labor literaria toma como referencia otros libros y pretende expresar en su literatura «un orden secreto del universo», sin interesarse en imitar la naturaleza o la realidad, inspirándose en otros autores. También Franken nos habla del tipo de lector que Borges desea, porque éste trata de descifrar como un detective el libro secreto del mundo, de ahí que también el lector deba tratar de descifrar los cuentos del argentino, «es decir, los debe leer como textos sagrados, cuyo secreto se puede descubrir sólo con mucha perspicacia detectivesca»[12]. Efectivamente, en este relato hallamos varios aspectos propios del relato policial heredado de Poe, junto con los ya señalados, el tratamiento de lo que Franken denomina «temáticas subterráneas» y la utilización de pistas y citas falsas. Forman parte de esto las dos versiones opuestas de los sucesos, la del detective Erik Lönnrot, basada en el número cuatro que imprime el Tetragrámaton (que significa «el nombre cuadrado») y los losanges, y la del comisario Franz Treviranus, apoyada en el número tres y en el triángulo. Con este tema, de forma subyacente, Borges teoriza con su creencia en una tradición judeo-cristiana que considera idénticos el judaísmo y el cristianismo.
NOTAS:
[1] J. ALAZRAKI (1978) : «Jorge Luis Borges», en J. ROY (ed.), Narrativa y crítica de nuestra Hispanoamérica, Castalia, p. 50.
[2] M. GUERRERO CABRERA: «"La muerte y la brújula": cuento detectivesco, cábala y laberintos» en Noseolvida. Revista digital, 36 y 37, febrero y marzo de 2007.
[3] Apud V. BRAVO (1998): «El relato policíaco postmoderno. Tres novelas argentinas contemporáneas», Espéculo. Revista de Estudios literarios, 9.
[4] J. J. MILLÁS (1988): «Introducción a la novela policíaca», en E. A. POE: El escarabajo de oro y otros cuentos, Anaya, p. 18. Esta edición presenta la ventaja de ser clara al tratar aspectos básicos de los relatos policíacos.
[5] R. de COSTA (1999): El humor en Borges, Cátedra, p. 48.
[6] J. L. BORGES(1981): «Sobre Chesterton» en Otras inquisiciones, Alianza, p. 86.
[7] En su conferencia «El cuento policial», Borges señaló esta sucesión: «Este hecho está ejecutado por un hombre muy inteligente que se llama Dupin, que se llamará después Sherlock Holmes, que se llamará más tarde Padre Brown».
[8] E. A. POE (1983): Obras selectas, Orbis, pp. 350-351.
[9] Respecto a Dupin, añade J. J. MILLÁS (1988): «Introducción...» en ob. cit., p. 26, que es «una máquina pensante que convierte toda la información recibida a través de los orificios de los ojos y de los oídos en un proceso analítico en el que ya no queda espacio para los sentimientos».
[10] C. A. FRANKEN K. (2003): «Jorge Luis Borges y su detective-lector», Literatura y Lingüística, 14, pp. 93-111.
[11] Ibíd.
[12] Ibíd.
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