Domingo, 19 de agosto de 2007
? MANUEL GUERRERO CABRERA

Se?or que destruir?s esta terneza
que me sostiene en pie, s? que alg?n d?a
te cansar?s de m?. Ser? una fr?a
ma?ana de un invierno...

As? lo record?, con su cuarta ?Oraci?n a Dios Padre?, cuando supe de su muerte este 4 de marzo en el Madrid del invierno m?s fr?o. Sevillano nacido en 1920, de infancia y adolescencia andaluzas, que march? a Madrid en 1941 y public? en la revista Garcilaso. Fund? y dirigi? la Tertulia Hispanoamericana, fue miembro de la Hispanic Society, Premio Nacional de Literatura en dos ocasiones (1958 y 1977), etc. Pero no escribo estas l?neas para hablar de su vida, sino de su obra, concretamente de su poes?a, que la cr?tica consideraba heredera de la escuela sevillana. As?, su poes?a no s?lo se basa en motivos populares, pues tambi?n bebe de los cl?sicos (como F. de Herrera), del Romanticismo tard?o de B?cquer (Nuestro poeta fue quien mejor lo conoci? con su importante libro B?cquer, biograf?a e imagen (1977), con el que gan? Premio Nacional de Ensayo y el Fastenrath de la Real Academia) e influye, adem?s, la obra de Juan Ram?n Jim?nez y de los Machado, en especial la de Manuel, que fue quien lo dio a conocer en un romancillo de 1942, seg?n refiere D?maso Santos en su libro Generaciones juntas, como una ?media lengua de ni?o que inconteniblemente cantaba?.
Aunque su primer libro casi inadvertido fue Balada del amor primero (1944), ser?a el segundo, Canciones perversas para una ni?a tonta (1946), el que nos ofrecer?a a aquella ?media lengua? con desenvoltura para cantar como amante. Con esta obra lo conoc? yo en una calurosa siesta de verano, cuando en la radio recitaron estos versos de la ?Canci?n perversa de junio?:

D?jame dormir la siesta
contigo, amor, en tu cama;
contigo, aunque no la duerma.

Soleares, coplillas, canciones con aire andaluz, del estilo de M. Machado, pero con voz propia.
El libro de las cosas perdidas (1946) y Las incredulidades (1948) nos transportan en la nostalgia a la tierra y a la infancia (?Callej?n de los Pobres/pobre te quiero,/ pobre de m? que paso/ con mis recuerdos?); como dice D. Santos en su citado libro, no s?lo dirigido a alguien sino tambi?n a s? mismo:

Estoy en soledad. Miro a lo lejos
oscurecer la tarde y mi tristeza.
Estoy pensando en ti y estoy pensando
que acaso en soledad tambi?n me piensas.

Desde Cuaderno de las ?ltimas nostalgias (1954) y Pa?s de la esperanza (1955, con el que consigui? el Premio del Ateneo de Madrid) atiende al presente hasta llevarle a la poes?a social en obras como El polvo de los pies (1962) y La verdad y otras dudas (1967).
Siento que no pueda detenerme en cada t?tulo, he primado la brevedad antes que la profundidad, pero s?lo pretendo recordar al poeta. Por ello voy a referir tres libros en los que se aglutina su obra: en 1979 se publica una antolog?a donde recoge la poes?a de treinta y cinco a?os Poes?a (1944-1979), que recomiendo para una buena muestra de todo lo que he rese?ado anteriormente; en 1985 De la niebla y sus nombres (Poes?as ?ntimas y otros versos andaluces, 1981-1984); y en 1996 Con la pena cabal de la alegr?a (1986-1996), cuya obra se vuelve m?s becqueriana y donde la sole? predomina sobre cualquier canto:

Lo de Dios ni dios lo entiende,
que al par que nos da la vida,
le pone fecha a la muerte.

Ya conocimos la fecha de invierno en que nos abandon?. Con ella nos lega su obra y un poemario in?dito titulado La vanidad de las cenizas, su ?ltima obra. Mientras pasa el tiempo, asimilo la incredulidad de su muerte, cuando su verso sigue vivo y tan cercano, s?lo podemos ser sus lectores y sus cantores, pues con su ?nima de ni?o adulto, con serenidad y vehemencia, nos confesaba que cantaba lo que le pasaba. Por eso s? que, al pensar en su fallecimiento, con la pena cabal de alegr?a s?lo ?l pod?a revelarnos este temor del ser humano en una sole?:

A m? me da escalofr?o
saber que tengo que irme
y que no me s? el camino.


Publicado en Saig?n, 3, Cabra, 2005, pp.2-3.

Tags: Rafael Montesinos, poesia, Sevilla

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