martes, 14 de agosto de 2007

(c) Manuel Guerrero Cabrera

Licenciado en Filología Hispánica



En 2006 cayó en mis manos un estudio acerca de por qué algunos escritores optaban por el silencio, incluso cuando estaban en el mejor momento de su obra o del éxito. Este estudio se titula «La frontera del silencio. Casos y causas del "síndrome de Bartleby" en la literatura» y su autor fue Ángel Luis García Aceña, que cita continuamente el libro, que rápidamente busqué y encontré, de Enrique Vila-Matas, Bartleby y compañía. Podemos resumir el argumento del libro del siguiente modo: Marcelo es un autor que lleva años sin escribir nada, pero tiene la idea de hablar de Bartleby y de los casos que ha habido en nuestro mundo, por lo que decide solicitar la baja en su trabajo y ponerse a escribir sobre dicho asunto. Recomiendo su lectura, porque, además de ser una novela bien dispuesta y de utilizar muy bien nuestra lengua española, nos llenaremos de curiosidades y de preguntas que todo escritor y lector nos solemos hacer: ¿para qué escribimos?, ¿por qué escribimos?, etc.



Pero estoy seguro de que os estaréis preguntando de dónde se ha tomado el nombre de este caso, de este síndrome, como indica Vila-Matas:



Hace tiempo que estudio la enfermedad, el mal endémico de las letras contemporáneas, la pulsión negativa o la atracción por la nada que hace que ciertos creadores aun teniendo una conciencia literaria muy exigente (o precisamente por eso), no lleguen a escribir nunca; o bien escriban uno o dos libros y luego renuncien a la escritura; o bien, tras poner en marcha una obra, queden un día literalmente paralizados (3).



¿Una enfermedad actual o acaso una postura (consciente o inconsciente) «frente a la frenética y disparatada actividad hoy dominante» (4)? Para que podamos responder, es necesario conocer quién era Bartleby.


Es posible que este nombre no nos diga nada, pero estoy seguro de que nuestros lectores conocerán a Herman Melville, que no es sólo autor de Moby Dick, sino también de varios relatos, entre ellos, uno titulado Bartleby el escribiente, en el que leemos cómo un oficinista (hasta entonces muy eficiente) decide contestar «preferiría no hacerlo», cuando le encargan un trabajo o le preguntan sobre su vida personal. Con esta respuesta evita todos los encargos y, además de negarse a escribir, prefiere no marcharse de la oficina nunca, y lo único que hace es estar sentado y mirar el muro que hay tras la ventana (5).

De ahí que nos preguntemos, ¿y por qué prefiere no escribir? ¿Por qué los autores optan por estar en silencio? Ángel L. García señala en su estudio anteriormente citado las causas que han dado lugar al silencio, clasificándolas en tres grupos basados en la teoría de la comunicación literaria: el emisor-autor, el receptor-lector y el mensaje y lenguaje literarios (6). En cuanto al emisor-autor, lo principal es la del que en un momento dado no tiene nada que decir o no sabe qué hacer ante un folio en blanco, una falta de ideas que se puede unir al otro motivo de este tipo que señala García Añeda: la ausencia de realidades trascendentes que contar (7). Para esto, por un lado, puede existir desconfianza hacia las palabras, puesto que, por otro lado, no son capaces de reflejar realmente lo que queremos decir. Respecto al receptor-lector, las principales causas proceden de la situación actual de la cultura:

Entre otras [...] la presencia de un público con escaso sentido crítico y artístico; la constatación de que el hecho literario se ha convertido en un espectáculo artificioso y banal; y la disputa que se establece por un mercado de literatura vacía (8).


De ahí que los autores tengan miedo al fracaso, pues «se escribe por miedo y se deja de escribir por miedo» (9), pero también debemos ser conscientes de que la editoriales imponen a los escritores un tiempo, un modelo y hasta un modo de vida basado en conferencias, ciclos, entrevistas, etc. Por último, las causas reflejadas en el mensaje y lenguaje literarios se basan fundamentalmente en que el lenguaje no vale como instrumento de comunicación y de creación artística, lo que da lugar, según A. L. García a que se pase a la inactividad creativa, ya que el autor salta a la acción vital (10).

Por supuesto, hay varios autores conocidos pertenecientes a esta literatura del silencio o del «No», como Juan Rulfo o Rimbaud, pero es intención de este estudio tratar el síndrome de Bartlebyen Saigón, la revista que leéis en este momento (11).

Situamos nuestro análisis entre los números 1 y 6, ya que el 7 está cercano en el tiempo al 8 y al 9 (estos tres últimos números, en principio, se han preparado y publicado entre noviembre de 2006 y enero de 2007), sin olvidar que el 8 es un número dedicado especialmente a la poesía y que contiene textos preparados y entregados hace casi un año. Saigón ha tenido cerca de cincuenta colaboradores totales en aquellas seis primeras revistas, de los que una veintena ha sido constante, de ahí que deduzcamos que una treintena no ha escrito más o no ha querido seguir escribiendo. Pero lo fundamental es que también hallamos bartlebys entre los constantes y entre aquellos colaboradores que comunican su deseo de escribir, pero que por motivos desconocidos no lo hacen. Es decir, son bartlebys de Saigón aquellos colaboradores que no han escrito en más de tres números y aquéllos que, habiendo escrito en más de tres, por distintas razones, no han continuado su estilo o su ánimo anteriores.

Vayamos por partes. Primero clasificaremos estos casos, según la relación de García Aceña, para pasar posteriormente a tratar algunos asuntos particulares.

El grupo relacionado con el emisor-autor es el mayor, ya que hay un grupo amplio de antiguos colaboradores que ya no tienen nada más que contarnos desde los primeros números: Ana Lozano, Pablo, Mateo Olaya, Fátima Leyva, Antonio Roca, Nazaret Luna, Vicente C. M., Óscar Parejo y más que conforman una lista de catorce nombres (12). Menos numeroso es el grupo de los que quisieron contar mucho y nos contaron poco, como Rubén Sánchez, que participó en el foro de Saigón y nos entregó un genial artículo, pero del que no sabemos mucho más, por lo que desde aquí hacemos una llamada para que se anime a volver a escribir; Albert Ballesteros, que nos dejó un manga eternamente interrogado por el continuará; y Juan Muñoz, cuya obra saigonista se alarga a un par de coplillas en números muy separados (el 1 y el 5). En el grupo del receptor-lector, sólo está Inma Granados, que en principio dijo que sólo publicaba en números pares y, luego, tras la publicación del número seis, se negaba a seguir realizando sus artículos de grafología, debido a que, según ella, nadie los valoraba (sin embargo, resultó vencedora en la encuesta del foro de Saigón sobre el mejor artículo del número 6). Y en el grupo del mensaje y lenguaje literarios, están los autores que por motivos personales han dejado de realizar buenos o interesantes artículos, como José Antonio Villalba, que se pasó al género lírico con pésimo resultado y gusto, para retornar en este mismo número 9 con un provechoso y gustoso escrito de su campo de estudio; y los autores que confiesan que no tienen tiempo para escribir y que deciden pasar a la acción vital: Inma Aguilera, Javier Vilaplana, Juan José González, Manuel Chacón y Adolfo Luque.

Hemos querido indicar fuera de esta clasificación los siguientes casos, que podrían integrarse correspondientemente en el catálogo anterior, pero que preferimos colocar aparte, debido a su curiosidad.

El caso de Sandra Arroyo es interesante, puesto que participó por la insistencia de nuestro coordinador. Cuando dejó de presionarla, Sandra ha participado en varios peroles, festejos y fastos saigonistas, pero no ha escrito ni una palabra más en la revista.

Un caso curiosísimo es el del creador de la revista, Emilio Navarro, que ante la solicitud de una nueva entrega de los «Relatos de una Ciudad Perdida», ha respondido que preferiría no hacerlo. Él mismo confiesa que no es partidario de hacer una serie continua de textos, como dichos «Relatos», y que espera realizar algo más cercano a su ámbito de estudio; pero es un bartleby al confesar que quería dejar la serie de narraciones breves que inició y que él mismo detuvo repentinamente (13).

Por último, son llamativos los casos de los que en alguna ocasión han comentado su intención de participar y que por cuestiones que desconocemos aún no han entregado ningún escrito, señalando que han contribuido a animar los peroles y han dado muestras de interesarse por Naufragio y Saigón: Lola Moreno, Juan Antonio Bernier, Marina Montes y Raquel García.

Tras esto, exponemos las siguientes conclusiones:

-Existe un núcleo constante de colaboradores (40% aproximadamente del total de colaboradores), pero se tiene un número mayor de colaboradores ocasionales (60%), que por distintos motivos se convierten en bartlebys de Saigón, ya que no quieren aportar nada más.

-De ese 40% constante de colaboración, señalamos que tres nombres (un 6%) han sido definidos como bartlebys: Inma Granados, Emilio Navarro y José Antonio Villalba; puesto que voluntariamente no han querido continuar lo que venían escribiendo, salvo el retorno de José Antonio en este número 9, que ha entendido que «escribir es corregir la vida[…], es lo único que nos protege de las heridas insensatas y golpes absurdos que nos da la horrenda vida auténtica» (14). Por lo que en Saigón, entre todos sus colaboradores desde el número 1 al 6, posee un 66% de bartlebys propios y exclusivos.

-El segundo grupo más numeroso de bartlebys de Saigón está compuesto por los que confiesan que no tienen tiempo para escribir, mayormente por su estado laboral o emocional; a los que indicamos que con empeño todo se puede.

-Al grupo compuesto por los que aún no han escrito, pese a manifestar interés o intención por la revista, que forman la tercera agrupación más numerosa, le animamos a que dejen de ser bartlebys, ya que tienen más probabilidades que el resto de colaboradores para dejar de serlo, puesto que aún nuestras páginas no han visto ninguna palabra suya. En especial, se lo indicamos a Raquel, socia fundadora de Naufragio, querida por todos, participativa en los peroles, amada y amante por un saigonista fundamental, colaboradora en el foro, pero que aún no ha dado para la gloria de Saigón ni una palabra.


NOTAS:

(1) Ángel Luis GARCÍA ACEÑA, «La frontera del silencio. Casos y causas del "síndrome de Bartleby" en la literatura», en SELGYC, 1616, Anuario 2006, vol. XI, pp. 269-278.

(2) Enrique VILA-MATAS, Bartleby y compañía, Barcelona, Anagrama, 2000.

(3) Ibíd., p. 12.

(4) A. L. GARCÍA ACEÑA, art.cit., p. 270.

(5) Véase la bibliografía para algunas ediciones del relato. Apuntamos aquí que es fácil de hallar en internet.

(6) A. L. GARCÍA ACEÑA, art. cit., p. 271.

(7) Ibíd., p. 272.

(8) Ibíd., pp. 273-274.

(9) Ibíd., p. 274.

(10) Ibíd., p. 275.

(11) Algunos bartlebys saigonistas me piden que indique algún caso famoso y, por ello, reseño los casos de Rulfo y Rimbaud, ya que los hemos mencionado. El primero tiene la variedad del síndrome del autor que no tiene nada más que contar, pues, al preguntarle por qué no escribía, Rulfo contestaba: «Se murió el tío Celerino que era el que me contaba historias» (VILA-MATAS, ob.cit., p. 16); otra razón que dio era que los marihuanos habían escritos muchos libros raros y que él optaba por el silencio (VILA-MATAS, p. 17). En el caso de Rimbaud, que dejó de escribir a los diecinueve años, optó por vivir la literatura personalmente, ya que la abandonó «para dedicarse a vivir aventuras» (GARCÍA ACEÑA, art. cit., p 275). Si deseáis tener más información de estos casos o conocer otros, buscad el libro anteriormente reseñado de VILA-MATAS.

(12) Destacamos los casos de Vicente C. M., que había participado en los dos primeros números y que (quizá por relajación del coordinador en el momento de pedir colaboraciones) no ha vuelto a participar más; Mamen Abad, en la misma línea que Vicente, que posiblemente no escriba por otras razones que no podemos indicar aquí; y Jesús Arroyo, del que tenemos serias dudas de considerarlo un bartleby, pues ha venido participando en los números pares (excusa que han dado otros colaboradores, no Jesús) y creemos que, como el 8 era un especial, ha descansado y que entregará un escrito próximamente.

(13) Esta actitud de Emilio me hace pensar que yo puedo ser también un bartleby: en el número 4 confesé mi intención de escribir un artículo sobre Enrique Cadícamo, pero falto de una idea clara y animado por otros temas, lo fui dejando pasar un par de números más. Pero en el número 7 se publicó un escrito sobre Cadícamo que no tenía nada que ver con la idea original, ya que pensaba tratar cómo se reflejaba la mujer en los primeros tangos de este autor, pero me llamó más la atención y tuve clara la idea acerca de la aparición de Rubén Darío en «La novia ausente», composición de Cadícamo.

(14) Enrique VILA-MATAS, «Escribir es dejar de ser escritor», http://www.barcelonareview.com/23/s_escribir.htm, 2001.



BIBLIOGRAFÍA:

-GARCÍA ACEÑA, Ángel Luis (2006): «La frontera del silencio. Casos y causas del "síndrome de Bartleby" en la literatura», en SELGYC, 1616, vol. XI, pp. 269-278.

-MELVILLE, Herman (1984): Bartleby el escribiente, traducción de Jorge Luis Borges, Madrid, Siruela.

-MELVILLE, Herman (1987): Bartleby el escribiente, edición y traducción de Julia Lavid, Madrid, Cátedra.

-VILA-MATAS, Enrique (2000): Bartleby y compañía, Barcelona, Anagrama.

-VILA-MATAS, Enrique (2000): «Escribir es dejar de ser escritor», http://www.barcelonareview.com/23/s_escribir.htm

Tags: Bartleby, Saigón, escritura

Publicado por antisanedrita @ 9:15  | Otros textos
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Comentarios
Me encanta este artículo.

Basia
Publicado por Un_invitado
viernes, 15 de febrero de 2008 | 16:03
Creia que la revista no seguía en funcionamiento! me he llevado una sorpresa al encontrar por casualidad este artículo navegando ante esta pantalla en un pais que no es el mio y en una lengua familiar.

No sé qué es de la gente, ni de cómo va vuestro rumbo, pero tengo algunas cosas que aportar a la revista, letras y dibujos.

Saude para vocês. Atentamente,

Nazaret Luna
Publicado por Un_invitado
jueves, 04 de junio de 2009 | 17:46
Estimada Nazaret:

Sorpresa la mía la de encontrarte por mi blog. No te conozco personalmente, pero no tiene importancia.
La revista sigue y está en una época boyante. Ya vamos por el 11 y preparando el 12, que saldrá después del verano.
Estos son los datos que te pueden interesar sobre Saigón:

http://paralalibertad.mforos.com

http://www.saigon.es.kz

http://acnaufragio.blogspot.com

http://www.youtube.com/user/saigonista

http://issuu.com/search?q=revista+saigon&st=document

Saludos.
Publicado por antisanedrita
lunes, 08 de junio de 2009 | 19:58