Mi?rcoles, 08 de agosto de 2007
(c) Manuel Guerrero Cabrera.

 

[1] Difícil resulta encontrar una revista que tenga la diversidad de criterios y contenidos que acoge Saigón. La inquietud cultural y la difusión seria y constante son los criterios esenciales. El contenido es variado, de tal modo que la Ciencia se halla al lado de las Artes. Pese a que lo planteado no es fácil de aceptar ni de creer, la difusión de Saigón se refleja en el mayor número de tiradas y de lugares a los que llega (Con la ayuda de la Concejalía de Juventud y Cultura del Ayuntamiento de Cabra). De los 100 ejemplares del número 1 a los 500 del último; de Lucena, Cabra, Palma del Río y Córdoba [2] a Valencia, Granada, Motril, Málaga, Frigiliana, Sevilla, Madrid y, ahora añadimos con el número 7, Cádiz y Buenos Aires.

Como en Saigón no se renuncia a nada, es igual de importante la letra que la imagen, comenzando por la portada. En el número 5, una escalera[3], cuya forma nos hace subir (o bajar) sobre nosotros mismos, como un axis mundi que conectara el cielo y la tierra, la divina luz de los nuevos artículos y la tenebrosa oscuridad de la necedad que se comprenden con la elección de leerlos. Idea idéntica se refleja en la portada del número 6[4], pues el lector, en su soledad, se halla entre la oscuridad de la ignorancia y la luminosidad de los nuevos contenidos. Y la playa del 7, evocando el mar y todos sus símbolos: olvido, muerte, aventura, paz... En conclusión, desde la portada se nos invita al interior.

Consideramos que la revista puede dividirse en dos: las secciones fijas y el resto de colaboraciones. Gracias a la labor de Victoria López Prieto y de José Manuel Valle Porras, la revista ha ido adquiriendo unas secciones constantes que nos introducen en ella paulatinamente: los relatos de una ciudad perdida de Emilio Navarro, que en el 7 Manuel Gil suple con gran acierto en «La causa de los machitos». Abrimos fuego con los primeros versos nos remite a la lucha antes referida, utilizando el arma poética cargada de efectividad y ello le corresponde a la constancia, calidez y calidad de Luci Romero Rosa. La entrevista, realizada a Carlos García Gual, Rafael Aguilera Baena y Mateo Guainazzi en el 5, 6 y 7, respectivamente. Otras secciones fijas son los segundos fuegos de versos, Eddie’s (la cita con el heavy metal, de Rafa Manjón-Cabeza), y Treinta años de Juan José González.

Pero Saigón esconde y ofrece más en lo variado de sus artículos. Comencemos por la creación. Si se abre fuego con versos, evidentemente se concluye que la poesía tiene un lugar predominante; así, entre la larga nómina de poetas destacamos a la ya citada Luci Romero. Además de los poemas, los relatos es otro de los puntales de la revista. Hallamos relatos de diversa índole: entre otros, el hermetismo de Manuel Gil en «Soga cordura», el magnífico «Hampones» de José Ramón Pascual, con un genial plan narrativo, apoyado en elaborados diálogos; o el apasionante «Kid Cele» del argentino Ángel Mario Herreros.

Entre los artículos de investigación y opinión, hallamos una gran variedad de temas: Literatura (los artículos del que firma esta reseña sobre el pontanés Manuel Reina y el argentino Enrique Cadícamo), Música (el calamarista Diego Marín con «De vuelta al Estadio Azteca»), Cine (Saniette y Lydia Aguilera), Grafología (Inma Granados analiza la firma de los Machado), Filosofía y Psicología (los relatos de Inmaculada Aguilera, la exposición de Yeshem y el estudio sobre Nietzsche de J. M. Ventura), Arte (Luci Romero) y, más marcadamente de opinión, Sociales (el buen artículo de Álvaro Castro «Hacia una historia de los vencidos»), Culturales (Saniette con «Tiempo recobrado» e Inmaculada Jiménez con «Una experiencia con Frida») y Políticos (el interesante «De cómo el Barsa es más que un club o cómo se entiende el nacionalismo en el deporte» de J. A. Villalba).

¿Cómo es posible todo esto? Un único objetivo: la lucha contra la decadencia de nuestra civilización. Con el fin de mitigar esa degeneración, Saigón se alza abarcando todo lo posible y albergando todos los puntos de vista, ya que hoy «basta observar cuántas exclusiones de campos y objetos puede y debe llevar a cabo la mirada totalizadora. El precio que ha de pagar la razón a cambio de su poderío es una impresionante limitación de los objetos que pueden verse y acerca de los que cabe hablar»[5]. Por lo tanto, participa como lenitivo en la crisis de la razón y en el concierto del ser humano como ser debilitado y disminuido.




[1]Saigón, 5, Cabra, 2006. Saigón, 6, Cabra, 2006. Saigón, 7, Cabra, 2006. Este último número no ha sido publicado aún en el momento de la redacción de la presente reseña.
[2]José Manuel Valle, «Saigón, la revista provocativa», La Opinión, noviembre de 2005, Cabra. En este artículo sólo se refieren los artículos hasta el número 4, llevada a las seis primeras ciudades nombradas, por lo que Saigón ha llegado a siete núcleos urbanos más, curiosamente, con el número 7.
[3]Fotografía de Patricia Alonso.
[4]Fotografía de Paula Bonet.
[5] Gianni Vattimo y Pier Aldo Rovatti (eds.), El pensamiento débil, Madrid, Cátedra, 2000, p. 17.

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